
Este testimonio no es de nadie de nuestra ong… pero eso no importa. Nos puede ayudar. Espero que os guste.
“Cuando decidí viajar a la India no sabía qué era lo que motivaba de ese país. Sentía que quería conocerlo, pero no sabía por qué o para qué -cuenta Luis Héctor, un ingeniero recién licenciado de 25 años-. A los 20 días de estar allí, conocí a un exprofesor de universidad francés, que tendría como 80 años, que cambió mi forma de ver la vida. Después de hablar con él, pude entender qué me movió a pasar dos meses allí.”
‘La teoría de la mochila’. Así bautiza Luis el planteamiento de vida de este profesor que “me hizo pensar que la manera en que nos educan, nos hacen pensar y nos cuentan qué es lo que tiene valor no tiene mucho que ver con la mía”. Según este concepto, todos nacemos con una mochila vacía que poco a poco tenemos que ir llenando con experiencias, principios o prioridades.
“El problema -relata- es que normalmente no son otros los que le van metiendo cosas por nosotros. Así, te encuentras con imposiciones, obligaciones, deberes e, incluso, una hoja de ruta vital, que puede que no tenga nada que ver con quién eres”. Al entender este planteamiento, Luis supo qué había ido a hacer a la India: “estaba allí para pararme a pensar qué carga llevo en la mochila, con cuál me voy a quedar, y cuál desecharé para que no me pese el resto de mi vida”.
Antes de partir hacia Asia, un amigo suyo le había hablado de la ONG con la que su madre colaboraba; se encargaba de un orfanato en el barrio periférico marginal más grande de todo el continente, situado en Delhi. “No quise que esa fuera mi primera parada para que no me condicionara todo el viaje. No quería que lo que pudiera vivir allí me hiciera pensar que todo en la India sería igual. Preferí ir después de haberme recorrido gran parte del país, para poder contrastarlo con la realidad”.
La realidad que vio Luis es la de un país con grandes diferencias sociales. “La India tiene unos 1.200 millones de habitantes. De ellos, 200 o 300 son extraordinariamente ricos, y son los que levantan el PIB, que no el país. Hay una gran masa que es pobre, pero que más o menos puede salir adelante. Y luego hay otros 300 millones de personas que viven en la más absoluta miseria, cuya máxima aspiración es poder llegar al día siguiente”.
India solidaria
Las últimas 24 horas que pasó en Delhi, lo hizo en el orfanato gestionado por la Asociación Don Bosco Ashalayam en esa enorme zona residencial para miserables. “En indi, asha significa esperanza y alaya casa; así que fuimos al orfanato de la Casa de la Esperanza a ver cómo trabajaban los salesianos con los chavales”.
El trabajo que realizan los salesianos allí está exclusivamente centrado en los niños. “Recorren las estaciones o hablan con los organismos públicos para que les digan dónde hay niños abandonados. En la India hay muchísimos niños de entre 4 y 7 años que ya están mendigando. Han perdido a sus padres en algún viaje migratorio o bien los han abandonado. La Asociación Don Bosco los recoge con el objetivo de reinsertarlos en la sociedad para que puedan valerse por sí mismos y tener una vida digna”.
Una experiencia que le sirvió a Luis para darse cuenta de que “hay gente que hace cosas muy, muy buenas en el mundo. Los curas y cooperantes de este orfanato no se limitan a darle un nombre, una fecha de nacimiento o una educación. Lo realmente impresionante es que, gracias a ellos, estos niños existen. Si nadie los recogiera físicamente seguirían estando ahí, pero a nadie le iba a importar que siguieran vivos o se murieran por culpa de las drogas o una pelea callejera.”
La vida de los pequeños está sometida a un horario muy estricto. “Se levantan a las 5 de la mañana, desayunan a las 6 y van al colegio a las 7. Allí aprenden inglés e, incluso, música. Y siguen educándolos hasta que tienen 18 años, que es el momento de reinsertarlos. Una vez llegados a esa edad, ellos deciden si se dedican a los oficios tradicionales que se han perdido en España como carpinteros, zapateros, alfareros… y los que tienen más capacidad van a la universidad. Este año hay dos chicos que estudian Ingeniería y 3 Dirección Hotelera. Esta es la mayor recompensa para la gente del Don Bosco.”
Vuelta a España
“Me fui de la India con un sabor agridulce, porque vuelves otra vez a tus costumbres, con la forma de pensar de Occidente y tu forma habitual de vida, que no es precisamente la más solidaria del mundo. He estado solo dos meses, pero sé que hay cosas que me va a costar mucho olvidar”. El mayor problema de Luis ahora es compaginar el ‘quiero’ y el ‘puedo’. “Hay muchas cosas que quiero hacer, pero no sé si tengo el valor para dejarlo todo por ayudar a los demás. Hay gente que cree que se pueden compaginar las dos vidas, pero yo lo veo demasiado contradictorio. No creo que se puedan vivir realmente las dos vidas”.
La posibilidad de conocer otro país, otra forma de vivir, también ha tenido repercusión interna: “Siento que se tambalean los valores que he ido adquiriendo durante toda mi vida. Son valores que no tienen contenido social ni humano. Se nos escapa que, tanto si eres ingeniero, como abogado, como periodista, como panadero, todos los trabajos tienen que servirle a los demás, no a lo demás; tienen que desempeñarse pensando en el otro. Por suerte me he dado cuenta de que la occidental no es la única forma de ver la vida; de que hay otro mundo en el que lo primero son las personas”.
LUIS H. | Viaje de dos meses por el gigante asiático



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