Posteado por: TDS | 04/02/2015

Taller en el sur 2015

Taller en el Sur 2015 es un programa de voluntariado internacional abierto a nuestros colaboradores directos: voluntarios y voluntarias; socios y socias y otras personas cercanas que colaboran desde otros ámbitos con Taller de Solidaridad y las Siervas de San José.

Para llegar a un compromiso personal con los demás, ayuda mucho el hecho de poder tener la experiencia de encontrarse con esta realidad, conocer nombres, personas que viven otra situación, que en general, no es la nuestra.

Por ello ofrecemos esta posibilidad de COMPARTIR UN VERANO CON LA GENTE DEL SUR, Acercarse a los destinatarios de nuestra Misión, mujeres, jóvenes y niños , en el marco propio de uno de nuestros proyectos.

CONSULTA LAS BASES DE ESTA CONVOCATORIA

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Posteado por: TDS | 16/09/2015

El sur que yo descubrí

TDS01Mi “Taller en el Sur” fue un regalo. Me ofreció un hermoso país, Chile, una altiva cordillera, blanca, majestuosa, visible desde cualquier rincón; compañera inseparable de viaje, que te acoge, que te guía y te recuerda que el país es singular; un país cuyo escudo representa la fuerza y la grandeza de su cóndor y a su vez la finura y la elegancia del huemul.

A su sombra, en el Centro de Colina, al norte del gran Santiago, he conocido, compartido y aprendido de muchas personas que sufren, invisibles para quienes no quieren ver; niños vulnerables, niños que saben que la vida puede estar teñida de tonos grises. He conocido también a personas luchadoras, empeñadas en lograr que esos colores tan grises se vuelvan más luminosos.

Mujeres que aprenden en los talleres, que salen de su entorno duro y descubren día a día lo mucho que pueden hacer.TDS02
Niños que son y se saben queridos en el Centro; que reciben formación y, además de su merienda, se alimentan de respeto y de amistad. Niños cuya vida sería “una vida de calle”.
Familias a quien se apoya, a las que hay que recordar la importancia de ir a un médico, que asistan a clase sus hijos y si han de realizar un trámite. Alegrarse con sus logros o simplemente escucharles.

Todo eso viví en el Sur y de ellos aprendí que los “sures” pueden ser “nortes” y que el “norte” puede ser “sur”.

C. A. R.
Colina-Chile
18-7-2015 a 18-8-2015

Posteado por: TDS | 24/07/2015

Un árbol infinito

small_small_SAM_2171El viernes pasado tuve el placer de asistir a la celebración del 25º aniversario de INPRHU y al 15º aniversario de los CEAR (Centros de Educación Alternativa Rural).

La jornada tuvo lugar en el primero de estos centros, el de Telpochcallí, con el cual Taller de Solidaridad lleva años colaborando en su financiación.

La creación de estos centros surge de una necesidad detectada en la zona. Muchos jóvenes en las comunidades rurales, se ven obligados a abandonar su formación una vez terminan los estudios primarios, ya que las escuelas de secundaria no son tan numerosas como las de primaria, y a la mayoría de las familias les resulta imposible costearse el desplazamiento o estancia en aquellos pueblos o ciudades que si cuentan con centros de educación secundaria. Ante esta situación, desde INPRHU se crearon hace ya 15 años los primeros CEAR. Situados en zonas de fácil acceso y próximas a las comunidades.
Las formaciones aquí impartidas tienen en cuenta los recursos naturales que cada joven tiene a su alcance, por lo que las enseñanzas se centran en temas agrícolas, buscado la mejora y diversificación de los cultivos, optimizando las tierras, empleando sistemas de riego de bajo coste, y buscando fórmulas de transformación de los productos cosechados, para así recibir un mayor beneficio por su venta y ampliar el mercado.

En esta jornada, se reunieron en el CEAR Telpochcallí un grupo de unos 20 jóvenes que mostraron sus proyectos y explicaron como la formación recibida en los CEAR había cambiado sus expectativas de futuro, y como su calidad de vida ha mejorado gracias a su aprendizaje y esfuerzo.

Fue increíble escucharlos hablar con tanto orgullo de los cambios que habían hecho en sus parcelas de terreno, las cuales sus padres trabajaron durante años, aunque son ellos los que ahora le están sacando mayor beneficio.
Todas las enseñanzas que se imparten desde los CEAR tienen además como objetivos principales la ecología y respeto al medio ambiente, la adaptación al cambio climático, la sostenibilidad, y la soberanía y seguridad alimentaria. Uno de los jóvenes que nos explica los productos que cosecha en su parcela, nos cuenta que utiliza, para controlar las plagas, una planta, por lo que al no utilizar químicos, el cultivo no se encarece y además mejora la salud de quien consume esos alimentos.

Fue verdaderamente motivador este encuentro, pues pude ver, de primera mano, como una forma diferente de hacer las cosas es posible. Si se actúa desde la base, desde la educación, integrando los aprendizajes al entorno y adaptando las enseñanzas a las necesidades reales, se pueden transformar realidades. Y detrás de esas realidades vidas. Por cada persona que presentaba su proyecto estaba detrás su familia, padres e hijos que son, a su vez, beneficiarios indirectos de este proyecto. Es por lo tanto, una gran forma de incidir en la población para mejorar su calidad de vida. Sin duda el esfuerzo de financiar este tipo de proyectos tiene su recompensa, la he visto en sus testimonios, en su actitud, en su orgullo y dignidad. Todos ellos encontraron en los CEAR una oportunidad, y de eso se trata, de ofrecer oportunidades de mejora y cambio a quienes de otra forma no tendrían más que perpetuar una pobreza crónica.

Enhorabuena a INPRHU una vez más. Por saber dónde y cómo actuar, y por hacerlo desde el origen del problema, abarcando y teniendo en cuenta el presente y el futuro. Mientras escuchaba el resumen que Doña Gladis, la presidenta de INPRHU, hizo de la trayectoria de la entidad, y viendo después cada proyecto, en mi cabeza surgía la imagen de un gran árbol. Uno de esos enormes y frondosos árboles que veo en este país. E imagino a INPRHU como el tronco de dicho árbol, que además no para de crecer, cada día florece una rama nueva, y este crecimiento es infinito.

Posteado por: TDS | 21/07/2015

Grandes personas

“Gabriela directora del Centro de Atención al Centro de Niños y Adolescentes Trabajadores de CANAT”

“Gabriela directora del Centro de Atención al Centro de Niños y Adolescentes Trabajadores de CANAT”

Hace unos días desde la ventana del avión veíamos como quedaba atrás una semana intensa en la que hemos teníamos la oportunidad de acercarnos a las personas con las que trabajamos desde Madrid. Una última mirada a esas impresionantes montañas que esconden en sus valles y picos a las comunidades que hemos visitado, algunas de ellas a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.
Unas montañas que parecen ondular en el horizonte y que sobrecogen por su fuerza y su serenidad similar a la de Raimunda, Wilfredo, Francisco, Juan… aquellos que nos han abierto sus casas, sus pequeños, y a la vez tan enormes, emprendimientos de productos lácteos al pie de los picos nevados del Ausangate o sus galpones de Cuyes, roedores que forman parte de su dieta y uno de los productos más apreciados en la cocina peruana.
Durante el último año y medio, desde nuestra oficina en Madrid, he sobrevolado los proyectos entres papeles y este viaje me ha permitido aterrizar directamente sobre ellos y conocer lo que escondían. Jesús, mi compañero en este viaje, ya os ha puesto al día sobre nuestras vivencias en Cuzco y ahora yo voy a intentar acercaros a la realidad de Piura.
De la sierra a la playa al norte de Perú, de 4300 metros de altitud a 34, seguimos encontrando grandes personas que trabajan día a día por mejorar la situación de las personas que les rodean. En Piura hemos tenido la oportunidad de visitar los proyectos que apoyamos junto a CANAT, y durante dos días Gaby y Aury nos han acompañado para darnos a conocer en directo la labor que desarrollan. Quizás la forma más directa de haceros llegar estos proyectos y el trabajo de CANAT es acercándoos a las personas que hemos conocido. Ahí van dos de las historias de algunas de las personas que hemos conocido.

JEAN PIERRE UN GRAN CHEF A LOS 17

Jean Pierre

Jean Pierre

De un sitio a otro, en auto, nos movemos por la ciudad de Piura. Estamos llegando al mercado en torno al que gira la vida de muchas de las personas que vamos a conocer a lo largo de estos dos breves pero intensos días. Parece que debemos ir con cautela en esta zona. Excavadoras, barreras de policía con escudos y una gran explanada de tierra movida entre la linde del mercado y las casas que se sitúan frente a éste. Desconcierto entre el tráfico, más del habitual, nos dice Gaby y mucha gente arremolinada en distintos grupos tras las vallas que limitan el acceso a la explanada. Son los vendedores ambulantes, sus familias, cientos de personas que con sus puestos engranaban en ese espacio un mundo laberíntico que en una noche se ha esfumado. Décadas de historia de este espacio de ambulantes y varios intentos fallidos de desalojos que han costado la vida a varias personas. En este espacio trabajaban los hermanos de Jean Pierre como carretilleros junto a muchos otros niños y niñas trabajadores, que cada día cargan mercancías durante horas para buscarse el sustento.
Pero en Piura no sólo el trabajo infantil es un problema, la explotación sexual, la trata, es otro de los riesgos que acechan a muchos de estos niños y niñas.
En uno de los centros de CANAT, a dos cuadras del mercado, donde se desarrolla el programa MANITOS TRABAJANDO, nos cruzamos con Jean Pierre que se prepara para ir a sus clases, después de una buena ducha, tras terminar su trabajo como chef en el comedor que atiende a los niños y niñas que acuden al centro.

María y Diana voluntarias de Taller de Solidaridad en CANAT

María y Diana voluntarias de Taller de Solidaridad en CANAT

Hoy, por la situación tan tensa en el mercado, hay pocos chicos en las clases, allí están nuestras voluntarias Diana y María apoyando a los educadores y educadoras en las tareas de refuerzo escolar.

Estos voluntarios y voluntarias, son muchos en CANAT, y los profesionales del centro intentan raspar cada día unos minutos más al tiempo de trabajo que los chicos y chicas realizan en el mercado, con el objetivo de que finalmente la balanza de su tiempo se incline en favor de su educación y disminuya el riesgo de que abandonen el colegio.
Jean Pierre ha querido y ha podido, aprovechar esta oportunidad de formarse en cocina gracias a MANITOS CRECIENDO, otro de los programas de CANAT en el que muchos jóvenes que han abandonado sus estudios tienen una segunda oportunidad a través de una formación técnica que les dé un impulso para recuperar sus estudios y su autoestima y tomar por primera vez las riendas de su vida.

Junto a Gaby y Aury visitamos algunas de las familias campesinas de los chicos y chicas que actualmente están en el programa de MANITOS CRECIENDO. La idea es hacer una intervención integral con los chicos y chicas y sus familias para que los padres valoren la importancia de su formación y los apoyen.


A sus 17 años la vida de Jean Pierre ha acumulado peligros y aventuras fruto de la necesidad que le obligó a dejar a los nueve años su hogar y salir a la calle para buscarse el sustento. Ocho años de trabajo y un largo curriculum: vendiendo bodoques en las calles; cargando agua en un burro que luego vendía en los asentamientos a donde ésta no llega; haciendo adobes en las canteras o sumergiéndose en el mar con un arpón para cazar meros en la frontera con Ecuador.

Fue después de una balacera contra su balsa, perseguidos por cuatro patrulleras y un helicóptero ecuatoriano, cuando decidió volver a Piura. Para Gaby, directora de CANAT, que había trabajado con Jean Pierre y su familia, desde que éste tenía nueve años, fue una gran esperanza esa llamada de teléfono en la que Jean Pierre le dijo que quería volver y estudiar.

Como Jean Pierre muchos son los niños, niñas y adolescentes que han trabajado y lo siguen haciendo en las calles de Piura esperando una segunda oportunidad. Prevenir el trabajo infantil y generar oportunidades para chicos y chicas que ya están en esta situación, es en la tarea en la que está el Centro de Apoyo a Niños y Adolescentes de CANAT.

Hoy Jean Pierre, apuesto y joven cheff en el comedor de MANITOS TRABAJANDO, Yanina, coordinadora del programa MANITOS CRECIENDO y Erika, responsable de Relaciones Institucionales de CANAT, forman parte del equipo de profesionales de esta institución. Y son muchos los chicos y chicas que ya están insertados en el mercado laboral o han montado su negocio.

Como dice Gaby: “El proceso de trabajo de CANAT cerrará su ciclo definitivo cuando sean Erika o Yanina, hoy grandes profesionales, ayer niñas trabajadoras del mercado de Piura, las que asuman la dirección de CANAT”
Para Gaby este sería su mayor deseo.
¡¡Que necesario y grande el trabajo de CANAT!!

FLORA EN EL DESIERTO
Con un bidón de agua de 30 litros, que un voluntario alemán nos entrega, junto a Gaby, Aury y dos voluntarias españolas que conocimos ayer, caminamos hacía la casa de Flora.

Al principio de la cuesta que nos lleva a su casa se oye jaleo, cerdos chillando, voces de mujer. Vemos una figura en la que parece una puerta de un corral levantada con tablas y palos, al igual que alguna de las casas que hemos ido dejando por el camino. Es Flora, camina lentamente y con dificultad aferrada a su bastón, intentando ayudar a otra mujer a encerrar a uno de los cerdos que se le ha escapado.

Estamos en invierno y el aire caliente y sofocante que levanta la arena en el camino me hace preguntarme como será de duro el verano en este paraje.

Veníamos de ver la ludoteca en donde los voluntarios juegan con los pequeños del barrio. Esta forma parte de MANITOS JUGANDO, otro de los programas de CANAT, en el que se trabaja con los más pequeños y con sus madres y familias. Esos niños y niñas con los que juegan los voluntarios son “los nietos de Flora”, partera de profesión y recicladora en el vertedero, centro neurálgico del barrio. Durante muchos años Flora ha traído a muchos de estos niños y niñas al mundo, le hubiera encantado ser enfermera. Estos pequeños son los que se ocupan de Flora, de acompañarla en su soledad, de que no le falte el agua cada día.

La casa de Flora está en el límite de lo habitado, en lo más algo de la población. Unas vistas privilegiadas donde Gaby y ella se sientan a ver la puesta de sol y a conversar sobre sus vidas.

Flora nos cuenta que a sus catorce años la robó un hombre a caballo, no fue cosa de un día, su tortura duró hasta que este falleció. De él tuvo cuatro hijos a los que fue perdiendo a lo largo de su vida.

Flora a sus 87 años, casi ciega y con dificultad para respirar nos dice con nostalgia que ya no trabaja porque no sirve para el reciclaje. Apoyada en su bastón nos invita a pasar a su casa, agradece la visita y buscamos un recipiente donde verter el agua que llevamos.

La casa de Flora

La casa de Flora

Nos abre la puerta de su hogar con una gran sonrisa que no se borra de su cara en ningún momento, incluso cuando nos relata la dureza de su vida. El viento golpea el tejado de chapa con fuerza, como si fuera el soplido persistente del gigante del cuento y yo me pregunto cuál de esas ráfagas de viento será la que vuelva a volar las paredes de la casa de Flora.
Hasta hace unos días Flora hubiera pasado por este mundo como si fuera la protagonista de una historia de ficción y su existencia sólo habría quedado en la memoria de sus pequeños amigos, compañeros de reciclaje, que caminan junto a ella en su soledad.

Gracias a esos pequeños, Gaby, Aury y los voluntarios descubrieron a Flora. Flora no quería irse sin dejar registro de su paso por este mundo y eso fue lo que les pidió a Gaby y los voluntarios que llegaron de la mano de los niños.

Flora, Jesús y Sonia

Flora, Jesús y Sonia

Tras casi nueve décadas de vida Flora por fin existe oficialmente, tiene su propio DNI. “No me quería morir como si no hubiera pasado por esta vida” nos dice Flora. Se siente plena, como ella dice no le falta una taza de agua antes de acostarse, su hamaca, la cocina que ha fabricado con sus propias manos, sus dos gallinas criollas y “sus nietos” que la visitan cada día.

Tras un rato de charla con Flora nos vamos de su casa con el corazón lleno, los ojos borrosos y dos promesas por cumplir: una foto de recuerdo y una visita la próxima vez que volvamos.

Posteado por: TDS | 17/07/2015

Clubs de Reforzamiento Escolar

small_small_SAM_2038Hola de nuevo. Creo que os prometí hablar en la anterior entrada sobre mi próxima visita a las comunidades, pero se han retrasado un poco los planes. Por lo que os voy a contar cositas en general sobre lo que he hecho esta semana.

Esta semana he empezado a conocer la actividad de los Clubes de Reforzamiento Escolar que, mis compañeras Irma y Asunción, desde el proyecto Derecho a la Educación, coordinan.

Concretamente he visitado tres de ellos en Somoto. El nombre a los Clubs se les asigna según el sector en el que se encuentran, sector 9, 10 y 23.

La primera sorpresa con la que me he encontrado es que uno de ellos, el 23, se encuentra en la propia casa de una de las promotoras (voluntarias). En una estancia con acceso a un patio interior, poca luz y nada ambientada para la actividad. Pero como Asunción me explica durante la visita, los espacios con los que cuentan no son suficientes o están muy alejados, por lo que los propios promotores toman este tipo de iniciativas para así aumentar el número de asistentes. En este caso, los niños asisten dos tardes a la semana, y el número de participantes es variable, entre 5 y 12.

Los otros dos centros se encuentran en un centro social de uso comunitario y en una escuela de preescolar. Aquí los espacios son más acogedores y están decorados con trabajos que los propios niños han ido elaborando, como podéis ver en las fotos que comparto. No han sido días de mucha afluencia, pues la semana pasada estuvieron de vacaciones y como me explica la profesora Judith, a los niños, y a sus familias les cuesta recuperar la rutina.

De entre los niños que pude conocer en esta semana, me acuerdo especialmente de Odette, cuya madre acaba de regresar de España, después de vivir allí por cinco años cuidando viejitos (como aquí llaman cariñosamente a las personas mayores). Cuando la mamá de Odette se fue, ella tenía 1 año, y según me cuenta su profesora, se quedó a cargo de su hermana mayor, de 14 años, que además debía hacerse cargo de otras dos hermanas medianas. Odette es una de las niñas más trabajadoras y educadas de la clase, le encanta estudiar y escribe muy bien para sus seis años, se muestra orgullosa, y además sonríen sus ojos cuando le preguntan por su mamá. Su historia encaja a la perfección con lo que me venían contando durante estos días, en Somoto hay un elevado número de mujeres que han emigrado a España en los últimos ocho años. La mayoría a la zona de Euskadi, y concretamente a San Sebastián, son lugares que aquí todo el mundo conoce de oídas, precisamente por la emigración.

De camino a los centros he ido conociendo otras zonas de Somoto, a las que aun no había ido. Me he encontrado con un hospital casi reformado por completo, un centro de formación profesional para jóvenes con dificultades, donde aprenden profesiones como reparación mecánica, informática, electricidad, etc. También una residencia de mayores y dos escuelas, una de primaria y otra de secundaría, y una plaza recién pintada con colores muy alegres. Os cuento esto porque en el viaje me estoy encontrando con mucha pobreza, muchísima, cuyas consecuencias recaen más duramente en los niños, pero quiero también transmitiros todo lo positivo que estoy viendo. Aquí se están haciendo grandes logros, todavía insuficientes, muy insuficientes, pero las cosas no están quietas, algo se mueve, mucha gente está trabajando y luchando para que esto cambie. Mucha de esta gente se encuentra dentro de INPRHU y de otras entidades similares, como trabajadores o voluntarios, y la ayuda de la cooperación internacional es fundamental para que sigan adelante.

Tendría mucho más que contar, pero como os vengo diciendo, no quiero que resulte pesada la lectura, así que prometo no tardar en escribir.

¡¡Un abrazo a tod@s!!!

Posteado por: TDS | 16/07/2015

Caminando por los andes peruanos

small_1Es mi tercer paso por estas preciosas tierras serreñas, desde que en 2011 tuve la suerte de venir al lindo Perú por primera vez. Muchas cosas han cambiado: un Cuzco más urbanizado y “en construcción” que recibe a “invasores” en sus lomas de manera constante; gente del campo que llega para instalarse en la ciudad en busca de un empleo que no les es tan difícil encontrar. Carros, cada vez más carros. Grandes áreas reforestadas en las alturas, con pinos medianos, donde antes sólo había estacas recién plantadas… Cambios políticos, cambios sociales, una mayor implicación de los diferentes niveles de gobierno en proyectos de promoción económica y de inversiones… En fin, parece que un mayor dinamismo que influye en la mejora de las cifras macroeconómicas del Perú en su conjunto.

small_2Pero hay cosas que no cambian demasiado, después de una semana asomándonos a la realidad de las comunidades alto andinas con las que trabajamos, y algunas de ellas son la desigualdad, la inequidad, la falta de acceso a los recursos, el friaje cada más intenso que les enferma, el sol que abrasa a los pequeños, la poca disponibilidad de alimentos en muchos casos, la violencia y la vulneración de los derechos de las mujeres y la infancia…

Ahora bien, en medio de todo esto, esta semana hemos compartido y aprendido de titanes poderosos, como los dioses de la mitología griega. Gente a la que nada se le pone por delante y, ante un día a día complicado, construyen, inventan, crean, acompañan, ríen… DAN VIDA… Gente como Lili, Cristi, Santos, Raimunda, Francisco, Wilfredo, Mery…y tantos otros y otras.

small_7Hemos vivido con alegría la gran mejora del trabajo de coordinación con otras instituciones que se impulsa desde la Wasi Nazaret de Checacupe. Además de atender los casos de violencia familiar, ahora se coordina con el Municipio, el Ministerio de la Mujer y otras instituciones, para formar a promotores de Derechos Humanos en las comunidades y a jóvenes líderes, o para combatir la trata de personas en la región de manera coordinada.

Hemos degustado la tortilla española de los jóvenes del CETPRO de Checacupe, que se están formandosmall_8 profesionalmente en Gastronomía. Un centro de formación que surge como extensión del CETPRO de Urcos, donde hoy día estudian alrededor de 50 jóvenes y señoras…

Y que hoy visito con orgullo después de que en 2011 nos sentáramos a hablar por primera vez con las Hermanas de la posibilidad de poner en marcha un centro así, con el apoyo del municipio y del Estado.

small_9Igualmente, con los compañeros del CCAIJO hemos visitado a un montón de familias de los Distritos de Andahuaylillas, Ccatcca y Ocongate… hombres y mujeres que nos muestran con orgullo y agradecimiento sus galpones de cuyes, sus vacas, los quesos que producen en las pequeñas plantas familiares que han puesto en marcha. Todos ellos han entrado desde hace años en la dinámica de mejorar sus producciones, de transformarlas para poder así conseguir un mayor beneficio por la venta en los mercados locales. Y es un gusto comprobar como, en cierta medida, hemos contribuido a ello desde Taller de Solidaridad.

small_10Estos días hemos vivido y comprobado los avances de estas familias, que participan de un proceso de desarrollo integral donde la parte de promoción socio-económica ha de venir siempre acompañada de un trabajo de mejora de sus viviendas, haciéndolas más saludables, más organizadas…y también algo más calientes con el proyecto de generación de biogás en las viviendas, que impulsamos gracias a la AECID, y que les permitirá generar energía con los residuos de sus propios ganados para cocinar y también para calentarse. Esto, en un medio donde las temperaturas en la época del friaje pueden bajar a los -20ºC (y lo hemos “sufrido” en nuestras propias carnes estos días), es un verdadero regalo.

small_11Todas estas mejoras en la calidad de vida de las familias nos hablan de que algo se está haciendo bien por parte de las ONGs que apoyamos estos proyectos. Y el futuro aquí, ante la mayor posibilidad de inversiones públicas por parte de los gobiernos locales, pasará por seguir apoyando a las personas, a los profesionales implicados de las organizaciones para que sigan capacitando a la gente, dándoles asesorías, mejorando su organización, acompañándoles en estos procesos de mejora.
Ahora nos marchamos de Cusco con “la pila cargada” como dicen acá. Porque pensamos que merece la pena seguir trabajando y apostando por estos procesos de cambio, de mejora de las condiciones de vida de estas comunidades del Perú, excluidas del crecimiento del PIB del país.

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